
Entrégame la copa de tus penas,
que yo deseo ver su fondo oscuro,
no la bebas de golpe te lo pido,
paladéala despacito y sin apresuro.
Si te extasías de rabia o de amargura
y te fastidian los párpados de duda,
allí en el fondo de tu penas,
hallaras mi comprensión,
sin pedirte más nada.
Y si en la mano caliente que te brindo
no estuviera lo recíproco esperando,
continuará mi corazón abierto
ahí junto al tuyo con ansias palpitando.
No desmayes y concédeme tu copa,
oído sincero y afectuoso
y la fuerza de una lucha compasiva.
Con un poco de amor serás muy fuerte
y si ese amor suple lo imposible,
el amor lo repara todo, te impondrás con el tiempo,
y en la lucha serás invencible.
No mendigues jamás calor ni abrigo,
que la lástima no llegue hasta tu puerta.
El afecto concedido es del alma pura
y espontáneo y es para ti esa exclusiva oferta.
Así ha de ser,
desde que Dios te regaló vida,
no la desperdicies para ahogarte en ella,
ni la derroches en experiencias adelantadas a tu tiempo.
Y recuérdate, que eres una persona muy importante
puesta en esta vida, no hay nada imposible en
este mundo tampoco nadie quien te lo impida.

