20 diciembre 2006



















Entrégame la copa de tus penas,
que yo deseo ver su fondo oscuro,
no la bebas de golpe te lo pido,
paladéala despacito y sin apresuro.
Si te extasías de rabia o de amargura
y te fastidian los párpados de duda,
allí en el fondo de tu penas,
hallaras mi comprensión,
sin pedirte más nada.

Y si en la mano caliente que te brindo
no estuviera lo recíproco esperando,
continuará mi corazón abierto
ahí junto al tuyo con ansias palpitando.
No desmayes y concédeme tu copa,
oído sincero y afectuoso
y la fuerza de una lucha compasiva.

Con un poco de amor serás muy fuerte
y si ese amor suple lo imposible,
el amor lo repara todo, te impondrás con el tiempo,
y en la lucha serás invencible.
No mendigues jamás calor ni abrigo,
que la lástima no llegue hasta tu puerta.
El afecto concedido es del alma pura
y espontáneo y es para ti esa exclusiva oferta.

Así ha de ser,
desde que Dios te regaló vida,
no la desperdicies para ahogarte en ella,
ni la derroches en experiencias adelantadas a tu tiempo.
Y recuérdate, que eres una persona muy importante
puesta en esta vida, no hay nada imposible en
este mundo tampoco nadie quien te lo impida.

18 diciembre 2006




















No lo creo aun
llegando a mí poniente
la noche, puñal de osadías
referente de dichas pasadas

capture tu esencia
despoje la sonrisa
de tu rostro nada queda

no ríes
no miras
no hablas

te has ido
por fin

17 diciembre 2006

Tal vez no importa.
















Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.





Borges siempre ha tenido la razón.