16 diciembre 2006

Cada vez que cierro mis oídos

"Dicen que la simplicidad hace que un hombre sea vacío, y que ese vacío lo hace despreocupado. Acaso sea esto cierto entre quienes nacieron muertos y viven como cadáveres helados; pero el muchacho sensible que siente mucho y lo ignora todo es la más desventurada criatura que alienta bajo el sol, porque se debate entre dos fuerzas. La primera fuerza lo impulsa hacia arriba, y le muestra lo hermoso de la existencia a través de una nube de sueños; la segunda, lo arrastra hacia la tierra, llena sus ojos de polvo y lo anonada de temores y hostilidad.

La soledad tiene suaves, sedosas manos, pero sus fuertes dedos oprimen el corazón y lo hacen gemir de tristeza. La soledad es el aliado de la tristeza y el compañero de la exaltación espiritual.
El alma del muchacho que siente que el beso de la tristeza es como un blanco lirio que empieza a desplegar sus pétalos. Tiembla con la brisa, abre su corazón en la aurora, y vuelve a cerrar sus pétalos al llegar las sombras de la noche. Si ese muchacho no tiene diversiones, ni amigos, ni compañeros de juegos, su vida será como una reducida prisión en la que no ve nada, sino telarañas, y no oye nada, sino el reptar de los insectos.


Tal tristeza que me obsesionaba en mi juventud no era por falta de diversiones, porque si hubiera querido las habría tenido; tampoco era por falta de amigos, porque habría podido tenerlos. Tal tristeza obedecía a un dolor interno que me impulsaba a amar la soledad. Mataba en mí la inclinación a los juegos y a las diversiones, quitaba de mis hombros las alas de la juventud, y hacía que fuera yo como un estanque entre dos montañas, que refleja en su quieta superficie las sombras de los fantasmas y los colores de las nubes y de los árboles, pero que no puede encontrar una salida, para ir cantando hacia el mar".

14 diciembre 2006

Así eres tú
















Dijo así, un día, una hoja blanca de papel:-Me he formado blanca, nítida, inmaculada y pura, y así seré hasta la eternidad. Prefiero quemarme y volverme ceniza blanca antes de permitir que me mancille la negrura y me macule la suciedad.


Oyó un tintero aquellas razones y se rió en su negro corazón, pero no se atrevió a tocar a aquella hoja blanca de papel.


Oyéndola también las plumas y tampoco la tocaron.


Y así permaneció la hoja de papel blanca, nítida, cual la nieve,... pero vacía.

10 diciembre 2006

Su ausencia














Le desgarra el lápiz y el papel se enciende
mientras sangre brota de la herida
que se hace profunda por la partida
abriéndose lenta sin pausa, cerrarse pretende.

Y en la hoja se plasman palabras de muerte
volviéndose grito en triste delirio
la razón no juega y se torna fastidio
ese remordimiento por cambiar de suerte.

No le encuentro a tientas en oscuros días
se respira intenso, dulce a cada instante
su perfume en todo cuanto hay delante
y el mundo se cae tras falsa sonrisa.

El control se pierde, mojados los ojos
garganta hecha nudo, húmedas mejillas
resultado de jornadas para nada sencillas
por perder por siempre esos labios rojos.