
Le desgarra el lápiz y el papel se enciende
mientras sangre brota de la herida
que se hace profunda por la partida
abriéndose lenta sin pausa, cerrarse pretende.
Y en la hoja se plasman palabras de muerte
volviéndose grito en triste delirio
la razón no juega y se torna fastidio
ese remordimiento por cambiar de suerte.
No le encuentro a tientas en oscuros días
se respira intenso, dulce a cada instante
su perfume en todo cuanto hay delante
y el mundo se cae tras falsa sonrisa.
El control se pierde, mojados los ojos
garganta hecha nudo, húmedas mejillas
resultado de jornadas para nada sencillas
por perder por siempre esos labios rojos.
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